Estos días, los incendios forestales han marcado la realidad de Chile y Argentina. En Ñuble, por ejemplo la Reserva de la Biósfera, hábitat de importantes especies, arde, y sin embargo, no se había declarado Alerta Roja hasta hace apenas unos días
¿Por qué? Porque los protocolos priorizan solo el riesgo para las personas y sus viviendas, dejando en un segundo plano la devastación de ecosistemas enteros. Los bosques no solo nos dan agua y oxígeno ni cumplen un rol clave en la crisis climática. Son vida, y su pérdida debería dolernos por sí misma. Sin ignorar que esto también trae consecuencias para nosotros.
Un incendio no es menos urgente porque no hay casas en riesgo. Cada hectárea que se pierde es un ecosistema que no se recuperará en siglos. Necesitamos replantear nuestra políticas públicas y entender que proteger la naturaleza es proteger el futuro.
Prevenir es más fácil que combatir. Enviamos mucha energía y agradecemos el trabajo de los brigadistas, voluntarios y bomberos que se encuentran trabajando en todo Chile por el combate de los incendios activos.