Noviembre nos dejó una postal curiosa: cerramos el año con dos festivales aparentemente distintos, pero profundamente conectados. Hace una semana, Emprende Tu Mente convocó a miles de personas en torno al emprendimiento y la innovación. Una semana después, el Festival de Ladera Sur convocó a vivir, aprender y celebrar la naturaleza en comunidad. Dos mundos que han hecho esfuerzos por conversar y que guardan las piezas de un rompecabezas mayor.
Y es precisamente en esa convergencia donde reside la decisión clave que pueden tomar el emprendimiento y la innovación en Latinoamérica: participar en la regeneración de los sistemas vivos que la sostienen.
Mucha de la teoría sobre el emprendimiento y la innovación nos ha enseñado a pensar de manera lineal con marcos y métodos que, por más que no lo queramos, se (mal) utilizan. Desde el Design Thinking, Teoría de Cambio o un Canvas de Modelo de Negocio, que para quienes no los dominan parecen complejos, pero en el fondo operan identificando problemas, diseñando soluciones, implementando y escalando, como si los contextos donde se ejecutan fueran lienzos en blanco esperando respuestas. Y han funcionado extraordinariamente bien para democratizar estos conceptos y fomentar una cultura en torno a ellos. Son modelos seductores y muy útiles por su simpleza, pero despliegan su verdadera magia al comprender que la innovación no sucede SOBRE contextos vivos, sino DENTRO de ellos, con interdependencias y reciprocidades que ningún canvas puede capturar totalmente. Y que esa incompletud es precisamente donde vive la invitación: dejar de intervenir territorios para empezar a coevolucionar con ellos desde su complejidad. Porque mientras en Silicon Valley se evangeliza por escalar a toda costa, operar proyectos desde estos territorios del sur global nos recuerda que la verdadera innovación no solo es la que crece más rápido, sino la que se enraiza y perdura generaciones.
Hoy, mientras muchas startups unicornio colapsan bajo el peso de su propia velocidad, está emergiendo una nueva generación de innovadores que entiende algo fundamental: la eficiencia máxima sin contexto territorial es una receta para el desastre. No se trata de rechazar el crecimiento, sino de reimaginarlo. No es antiescalamiento, es escalamiento inteligente, uno que reconoce que lo que funciona en Pucón no necesariamente debe replicarse idénticamente en Punta Arenas, pese a que, desde las generalizaciones, para muchos representen lo mismo.
La innovación sistémica no busca disrumpir por disrumpir, sino nacer de la observación profunda de los ciclos naturales y sociales de cada territorio. Lo fascinante es que no necesitamos elegir: la falsa dicotomía entre innovación y regeneración se desmorona ante la evidencia. Los proyectos más resilientes y los que capturan la imaginación de inversionistas visionarios son precisamente aquellos que abrazan esta convergencia. El capital paciente está migrando hacia modelos que entienden estos ciclos, y los fondos de impacto ya no son nicho.
Desde Glocal, iniciativa nacida en Fundación Sustenta Pucón y que, desde lo local, se proyectó hacia el resto del país, llevamos habitando ese borde entre mundos. Aprendemos cada día de quienes nos precedieron: organizaciones pioneras, comunidades, mentores y emprendimientos que siempre han entendido esos ritmos. Este camino de tejer puentes entre la innovación acelerada y los tiempos territoriales no es fácil ni rápido. Requiere mucha paciencia, humildad para seguir aprendiendo y reconociendo que no todo modelo se adapta bien y apertura para entender que la innovación más transformadora nace de las preguntas locales, no de las respuestas importadas. Entender que todo eso no es una limitación, sino un privilegio.
Que estos dos festivales coincidan en el cierre del año no es solo calendario, también puede ser metáfora. Mientras reflexionamos sobre lo construido y soñamos lo por venir, se abre una invitación poderosa: ¿Y si el 2026 fuera el año en que pensáramos la innovación desde una regeneración? ¿Y si entendemos que la verdadera disrupción no es la que rompe sistemas, sino la que los sana? Por eso, atendiendo al crecimiento orgánico de nuestro trabajo, el nuevo llamado de Glocal Sur 2026 busca catalizar esta vez, desde los bosques templados del Biobío hasta los glaciares de Magallanes, una nueva forma de innovar: contextualizada, profundamente arraigada y globalmente relevante.
Porque el futuro no se tratará de quienes escalen más rápido, sino de quienes lo hagan más profundo. Y en esa transformación, los territorios que abrazan su singularidad no como limitación, sino como superpoder serán los nuevos referentes. La convergencia entre innovación y regeneración no es tendencia, es destino. Y está sucediendo aquí, ahora, en el sur del mundo, que imagina futuros posibles.
Por Melissa Jeldes
Directora Ejecutiva de Glocal Sur