Recientemente el papa Francisco entregó una bendición Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo) en la celebración de Pascua de Resurrección. Horas más tarde falleció. Recibí de amigos una frase de esa bendición y me conmovió. Se las comparto:
“El amor venció al odio, la luz venció a las tinieblas, la verdad venció a la mentira, el perdón venció a la venganza. El mal no ha desaparecido de nuestra historia, permanecerá hasta el fin, pero ya no tiene dominio, ya no tiene poder sobre el que acoge la gracia de este día”
El papa Francisco eligió su nombre por Francisco de Asís, quien vio lo divino en la naturaleza, en la Vida toda. Hoy podemos comprender y contemplar el flujo vital en el cual el cosmos se despliega. Comprendemos la Naturaleza como como un flujo de vida en nosotros mismos, en lo humano, en el tejido de vida en la tierra (madre), en y con el sol (padre), vemos como familia “nuestro” sistema solar. También vemos y comprendemos ser galaxias y galaxia de galaxias, así como lo es también cada célula de nuestro cuerpo. Somos energía, materia y el misterioso vacío del cual emerge la vida. Somos vida infinitesimal y cósmica, emergiendo en cada instante. Podemos percibir, a través de nuestra consciencia plena, instante a instante este flujo de vida.
Nos advierte Francisco que el mal, entre nosotros no ha desaparecido y que permanecerá.
En su discurso y bendición, que les invito a conocer, Francisco enumera los males de nuestra alma colectiva. Ahora en este mismo instante: guerras y maldad humana llevada a extremos difíciles de creer. La suma de los desequilibrios socio-naturales, hace decenios anunciados, está superando a la capacidad de la tierra viva, dadora de vida, para cuidar a sus criaturas.
La frase que cierra la bendición puede ser algo críptica: “el mal…ya no tiene dominio, ya no tiene poder sobre el que acoge la gracia de este día.”
¿Qué sería “acoger la gracia de este día”? La primera respuesta que emerge del discurso, es que en Jesús la vida vence a la muerte. Que los seres humanos lograremos vencer esta ola de destrucción que contagia la cultura dominante, de la cual dependemos.
Ha estado emergiendo un concepto y práctica que contiene claves para este momento. Me refiero a la Regeneración, entendida como una invitación a ver la vida como flujo interconectado e interdependiente y organizarnos para cuidarlo en cuanto habitantes de “nuestro territorio”.
Que no se pierda o abuse de nada, que se conozca y respete a las criaturas del territorio. La tierra viva es un todo y es de todos. Lo nuestro, lo común es el de tejido vida.
El camino para lograr esta más íntegra comprensión de lo humano es sabernos comunidad y su práctica básica la participación (versus la exclusión).
Cuando pienso en territorito pienso en cuencas, pienso en Kurarewe, Pucón, Villarrica, pienso en una organización de organizaciones para el bien común.
Y como dicen los sabios: Si no es ahora ¿Cuándo? Si no es aquí ¿Dónde? Si no somos nosotros ¿Quiénes?
¡Que se abra la conversación!
Rodrigo Calcagni
Presidente Corporación Parque para Chile