Cuenta una antigua historia que un hombre fue a un campo, en él encontró un tesoro. Regresó a su casa vendió todo lo que tenía y compró el campo.
De cierta manera esa es nuestra historia. Algunos primero, otros después, descubrimos un tesoro y decidimos dar parte de nuestras vidas para su cuidado.
En nuestro caso el campo es un gran territorio, los Andes de La Araucanía. El tesoro son bosques milenarios de Araucarias (Pewen) y la cultura Mapuche Pewenche, originaria y viva, que cree y habita sus tradiciones. También son bosques primarios, muchos de ellos vírgenes, volcanes activos, ríos, lagos y lagunas. Un paisaje único en todo el bello planeta tierra.
Decidimos trabajar para que este lugar fuera conocido y reconocido como Reserva Mundial de Biósfera, por el programa de UNESCO de la Naciones Unidas. En 1984, el Parque Nacional Conguillio y la Reserva Nacional Biobío fueron declaradas como Reserva de la Biósfera. En el año 2010 se logró la ampliación a todos los Andes de la Araucanía, que la integran nueve comunas con más de un millón de hectáreas. Esto ocurrió. Somos la Reserva Mundial de Biósfera Araucarias. Tenemos el regalo y privilegio de habitar un lugar extenso, bello, lleno de signos y cultura que nos inspiran al cuidado de la Vida.
Este reconocimiento de Naciones Unidas fue el primer paso. Es importante, pero no asegura que quienes habitamos en ella y quienes actúan o deciden sobre su destino compartan este regalo y la responsabilidad de cuidarlo. Muchas de nuestras acciones y de nuestra forma de economía actual no respetan este patrimonio de la humanidad.
El desafío es enorme: encontrar el/los camino/s para lograr acuerdos políticos, legales, sociales, económicos que decidan cuidar esta porción de paraíso.
Cuidar lugares como este, que son muy pocos y que contienen la matriz original de la Vida, es el desafío para quienes habitamos en ella y también para la sociedad chilena y mundial . Estos lugares nos regalan día a día los bienes y servicios que necesitamos para vivir no solo los humanos, sino todos los millones de seres que en él habitan.
¿Estaremos a tiempo de salvarlo de nosotros mismos?
¿Seremos capaces servicios públicos, municipios, empresas y habitantes, de unirnos y organizarnos en el cuidado de este Paraíso, tesoro común que habitamos?
Noticia en desarrollo
Por Rodrigo Calcagni
Miembro del Consejo
Reserva de Biósfera Sur