Este año, el río que conecta el Lago Caburgua con el río Pucón vuelve a correr, trayendo agua hasta el Lago Villarrica.
Es una buena noticia —sobre todo tras varios años de sequía— pero no podemos quedarnos solo con este hecho aislado. La sequía es un problema de fondo que afecta tanto al ecosistema como a las comunidades y no se resuelve en un año lluvioso. Si bien ver fluir nuevamente el río puede parecer esperanzador, el verdadero desafío es más profundo.
Históricamente, el desagüe superficial del lago Caburgua ha tenido períodos visibles entre 2002 y 2010, luego en 2015, 2018 y ahora en 2024. Esto evidencia que el ciclo hídrico de la región no es estable. Este desagüe nutre el río Pucón, clave en la cuenca, ya que alimenta el lago Villarrica, junto con los ríos Liucura y Trancura. Aunque la naturaleza nos regala este flujo, la acumulación de lluvias de un año no basta para contrarrestar los efectos de la sequía en el largo plazo.
Como individuos y como comunidad, necesitamos sumar esfuerzos para cuidar y preservar nuestras aguas, no solo por la naturaleza que depende de ellas, sino también porque nuestras acciones hoy decidirán si estos hechos puntuales se convertirán en patrones sostenibles a futuro.